jueves, 15 de diciembre de 2011

Una Victoria Frustrada II

Primero de todo, esta entrada no es la continuación de la anterior victoria frustrada, sino que ha sido otro partido en el que posiblemente Roma II habría ganado. Segundo, en este me atrevo a afirmar que hubo cierta negligencia arbitral y que el otro equipo no dudó ni un segundo en atacar con dureza para conseguir la bola y, por desgracia acabó en las piernas de nuestros jugadores. Tercero, y no por eso menos importante, este encuentro fue dominado por Roma II, pero la eficiencia y eficacia del Ballantines nos superó. Dicho esto, aquí llega la crónica.
Desde las 18.45, los miembros del equipo estuvieron entrenando en el Maddock para preparse. Tras media hora de intenso entrenamiento, llegó el entrenador, el cronista y el resto del equipo y se procedió a hacer la foto de equipo para inmortalizarlo. Tras esto, nos dirigimos al campo para empezar el último partido del 2011.
A las 19.30, este empezó. Como nosotros sacamos, fuimos capaces de hacer un primer ataque contundente y directo, sin embargo, la "poco limpia" manera de jugar del contrario impidió que se llevara a cabo. Esto ocurrió porque a Juan, quien estaba a la cabeza de este, le hicieron una falta instantes antes de chutar. Esta acción estuvo a punto de culminar en gol, pero los otros la interceptaron y con un contraataque llegaron a nuestra área y el gran cancerbero Alex, impidió que marcaran. Este sacó en largo y avanzamos hasta su portería y, tras dos disparos a puerta, uno de Nacho Ciutad  y otro de Enrique Galve, el portero del Ballantines la paró. Poco después ocurrió algo parecido que concluyó con un palo de Juan. De nuevo, otro ataque fallido. Entonces empezaron las negligencias del árbitro. En el área del contrario, unas manos que podían haber significado un gol a nuestro favor, no fueron pitadas y los otros se precipitaron sin tardanza aprovechando el desconcierto que reinaba entre los nuestro y llegó el primer gol. Perdíamos 0-1.
Tras esto, Roma II se puso las pilas para recortar esta mínima distancia y empatar el partido pero, hasta que Alex no salvó dos goles, no llegó nuestro ataque, que casi fue el empate: Juan llegó a la portería, chutó pero fue al palo y perdimos otra gran ocasión. Para empeorar las cosas, la parsimonia de los nuestro al bajar y la velocidad del contrario, significó un gol más en contra. 0-2. A pesar de nuestros esfuerzos para evitarlo, el 0-3 no tardó en llegar.  Tras esta tercera herida, le hicieron una falta a Juan y casi marcó un gol, pero el resultado NO cambió a 1-3, sino que se mantuvo en 0-3. Con esto acabó la primera parte.
Después de un muy breve descanso, la segunda mitad empezó y en esta nuestros ataques se acentuaron, pero de nuevo los palos y la línea de fondo recibieron las bolas en lugar de la red. De nuevo, casi llegó el 1-3, pero esta vez de la mano de Ignacio Calderón. A este gran ataque le siguió una contra de Alvaro Trius que, otra vez, casi concluyó en gol, pero la defensa numantina del Ballantines lo paró. Con la ayuda de Juan Carlos González, Ignacio Calderón volvió a arremeter pero la linea de fondo atrajo el balón y este se alejó de la portería y no entró. Tras tantos ataques, el Ballantines atacó de nuevo pero José María Pujol lo salvó poco antes de que entrara.
Poco después, como consecuencia de una gran cantidad de faltas no pitadas, juego sucio y negligencias arbitrales, una falta a Ignacio Calderón casi desencadenó una batalla campal, que se quedó en discusión calentita. Al acabarse esta, los otros se vengaron y nos marcaron el 0-4. Tras un intento de gol por parte de Juanca, Calderón marcó el 1-4, el gol que no les dejaba irse sin ninguno en contra y demostraba nuestro buen juego. Seguido de este, en pleno contraataque nuestro, a Gila le hicieron una falta que no solo nos cortó nuestra respuesta a su ataque fallido, sino que significó la expulsión de aquel que mediante el juego sucio nos paró. El arbitro, después de nuestro avance in extremis iniciado por la falta mencionada anteriormente, anunció que el partido había terminado.
Pero no acabó ahí la cosa. Cuando este hizo eso, los jugadores del otro equipo, QUE HABÍAN GANADO, se fueron a quejar del arbitraje. Después de ver el ridículo que hicieron y los comentarios racistas que sobraban, nos enteramos del motivo de su queja. Les había molestado que pitara falta cuando nuestro jugador se había tirado y había obligado a uno del otro equipo a hacerle una segada por detrás.
Sin embargo, a pesar de los inconvenientes, este partido fue uno de los mejores del equipo pues fue una exhibición de nuestra técnica de juego, de la utilidad de los entrenadores, del público a favor del equipo y de la cohesión y unión de la gran Roma II.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Los Duelos del Sadhill Saloon II

Aquí continúo con los Duelos del Sadhill Saloon:


Una vez se situaron a escasos metros de la escalinata que conducía a la puerta, el Sheriff Will expuso su plan para arrestar a Walt McAusten y su banda.

-Será simple, pero no fácil- dijo Will-. Ned y Mike subiréis uno por cada escalera y con vuestras escopetas nos cubriréis mientras nosotros intentamos detenerles por abajo. Wyatt, tú entrarás y te situaras junto al piano; y tú, Virgil, te dirigirás hacia allí- continuó el sheriff señalando una ventana a la izquierda de la puerta y cerca de la esquina-. De esta manera, Walt y su clan estarán en el centro y será más fácil matarles, si se resisten a ser arrestados por sus crímenes cometidos. Adelante.

Una vez dicho esto, Ned y Mike se dirigieron a las escaleras laterales del edificio, las subieron y entraron. Cuando cruzaron el umbral de la puerta, sacaron sendas escopetas y las cargaron para poder entrar en acción tan pronto como fuera necesario. Al acabar de prepararlas, se las escondieron debajo de la chaqueta y se acercaron a la barandilla del piso de arriba, desde donde actuarían. Esta empezaba por la derecha de la barra, ascendía junto con unas escaleras, cruzaba todo el pasillo y descendía de nuevo al piso de abajo. Después de mirar a los que estaban en el bar, Ned localizó a Walt y su banda en una de las mesas circulares. Eran siete e iban armados.

De repente, Mike vio como Rubio entraba, se dirigía junto al piano y hacía ademán de interesarse por el tipo de madera de este mientras se llevaba la mano derecha a la funda de su peacemaker. Poco después, Virgil cruzó la puerta y fue directamente a hablar con Ike, un viejo amigo suyo de la escuela que estaba en una mesa puesta en diagonal a la de Walt. Se apoyó en el respaldo de la silla de su antiguo compañero y, mientras hablaban, amartilló su Colt Dragoon. Al ver como el Tísico había hecho eso, Mike se preguntó si además de haber cargado su escopeta, la había montado. Espero que sí, se dijo. Ned, por su parte, quería que todo se acabara, pues presentía que el plan no iba a salir según lo previsto. Wyatt, mientras observaba como los parroquianos del Saloon bebían y jugaban, recordó aquel funesto día en el que su familia fue asesinada a sangre fría por un hombre con una cicatriz en el ojo y que en esos momentos estaba sentado en una mesa circular situada entre las escaleras del lado izquierdo. Por fin iba a vengarse, pensó, y a restablecer lo que él llamaba la “justicia universal”. Entonces entró Will.

Avanzó firmemente hacia la barra. No miró hacia los lados en ningún momento, pero notaba cientos de ojos puestos en él. Conforme se acercaba a esta, empezó a pensar en que ese acto iba a ser un punto de inflexión en su vida como sheriff, pues podría conseguir la gloria por haber arrestado a Walt y su banda o la muerte. Cuando llegó, miró fijamente al gran espejo, donde pudo ver la situación exacta de los forajidos.

-Póngame un whisky, por favor- le pidió amablemente al camarero.

Este cogió un vaso y la bebida de los estantes y los puso sobre la barra. Cuando Will escuchó el ruido del chocar contra la madera y del corcho al ser liberado de la botella, se dio cuenta del silencio que reinaba en el Saloon. Después de haberlo servido, el camarero se alejó del sheriff para ir a reponer la ampolla en su lugar. Entonces el Will se tomó todo el whisky de un trago. Se armó de valor. Cogió aire.

-¡Váyanse todos de aquí menos los siete a los que hemos venido a buscar!- dijo con fuerza.

Acto seguido, todos se levantaron de sus asientos, salieron por la puerta y dejaron el local desierto. Pero no del todo. Solo quedaron siete personas, aparte de la autoridad. Solo quedó una mesa ocupada. Era redonda. Había siete hombres sentados en ella. Tomando de nuevo la palabra, anunció:

-Walt McAusten, estáis todos arrestados, desenfundad vuestras armas y dejadlas en el suelo.

-Hey  sheriff, si quieres nuestras Colts, ven tú mismo a por ellas- respondió con chulería el jefe forajido.

Tras un breve silencio incomodo, se oyó a Wyatt decir con odio:

-¡Walt, Dios te ha dado una última oportunidad para arrepentirte y entregarte, aprovéchala!

A continuación, los miembros de la banda de McAusten se llevaron las manos a sus cartucheras. Amartillaron sus armas. El infierno se iba a desatar en aquella habitación.

Los Duelos del Sadhill Saloon I

Con esta historia y el resto de sus partes me traslado de las altas colinas verdes a las marrones e interminables llanuras de Arizona, donde tuvo lugar uno de los duelos ficticios más famosos: los Duelos del Sadhill Saloon, entre las autoridades locales y la banda de Walt McAusten. Aquí va:

“¡Y se dice que en los pueblos pequeños alejados de la frontera nunca pasa nada!” pensó el Sheriff de Sadhill bajo la luz de la luna mientras se acercaba al Saloon con sus cuatro hombres de confianza. Él, como autoridad, vestía un traje de tonos claros que consistía en una camisa y unos pantalones de color blanco, una americana beige que conjuntaba con las botas y el cinturón y, para completar la vestimenta, un sombrero de ala ancha marfil. Sus compañeros, por su parte, decidieron ir acordes con la noche pues llevaban ropas oscuras: combinaciones de azules oscuros y negros, pero que coincidían con el gorro, que era de tono azabache. Los cinco eran altos, de constitución fuerte, y claros de piel. El color de pelo de los representantes de la autoridad era de dos tipos: castaño oscuro, para el Sheriff Will y su mano derecha Wyatt “el manco”, y negro como la obsidiana, que era el caso de Virgil “el tísico”, Ned “el tirador” y Mike.

“El manco” era el apodo de Wyatt porque no acostumbraba a usar la mano izquierda para disparar, a pesar de que llevaba siempre un revólver Colt peacemaker a cada lado. Se decía que la extremidad se le inutilizó, en su niñez, durante un tiroteo en su casa cuando una bala se la atravesó. Aquel día, después de perder a su padre y a su hermano, juró que les vengaría y se haría agente de la ley para intentar evitar que aquello que le ocurrió, no lo sufriera ninguna familia más. De lo jurado en aquel funesto día, lo primero iba a cumplirlo ahora  y lo segundo ya hacía años que llevaba hecho. Aunque solo usaba una mano, corría la voz que nunca había perdido un solo duelo en sus 30 años de vida.

Virgil era, junto con Mike y Will, uno los tres miembros de la autoridad oriundos de Sadhill y era el sobrino del anterior Sheriff, que fue brutalmente asesinado por un grupo de mineros borrachos mientras volvía a su casa. Su apodo, “el tísico”, se debía a la enfermedad que le iba matando lentamente desde su infancia, pero a la que resistía gracias a su sano estilo de vida. Como Wyatt, el porqué de su unión a las fuerzas de la autoridad del pueblo se debía al querer hacer pagar  a los asesinos por sus actos. Virgil siempre llevaba tres armas con él: a la altura de su corazón llevaba un Smith & Wesson Model 1, pues le servía de protección y, por su pequeño tamaño, era un arma manejable; un Remington 1858 a su derecha; y, por último, a su izquierda, un Colt Dragoon revólver.

Ned era de un pueblo de la frontera mexicana donde la palabra crimen era la más repetida por la gran cantidad de estos que se cometían. Su familia fue una de las fundadoras de ese lugar por lo que se les respetaba y tenían poder, pero eso no les libraba de los problemas causados por el tráfico de armas para la Confederación. Por esa razón, todos en el pueblo sabían manejar, como mínimo, un arma de fuego. En el caso de Ned, él dominaba dos.  Primero de todo, su preferida era su queridísima Coach Gun, que era una escopeta de dos cañones que había usado durante toda su vida, especialmente cuando estuvo trabajando para la Wells & Fargo co. Como escolta de las diligencias de la compañía previamente mencionada por los peligrosos trayectos desde Dodge City hasta Dallas, pasando por Sadhill. Ahí fue donde conoció el pequeño pueblo. Además, gracias a sus actos durante su trabajo para la compañía, Ned se ganó el apodo de “el tirador”, pues la mayoría de los carruajes que el escoltó llegaron como se hubo previsto. Su segunda arma era un Smith & Wesson No 3, que era un revólver del calibre 44 con cuyas balas había parado un gran número de atracos y había ganado muchos duelos contra forajidos.


Los cinco hombres se pararon delante de la puerta del Saloon. La altura de este, en comparación con la del resto de edificios del pueblo, era mayor ya que, a pesar de que tenía dos plantas, estas eran muy altas. En la primera planta estaba el bar, donde la inmensa mayoría de los habitantes de Sadhill pasaban las tardes y las noches haciendo vida social. Allí había una larga barra en el lado opuesto a la puerta principal y estaba situada entre las dos escaleras que conducían al piso de arriba, en el que estaban las habitaciones donde solían hospedarse los extranjeros o forasteros que pasaban por el pueblo. Entre la puerta y la barandilla de las escaleras había catorce mesas. Seis de estas eran redondas y estaban tres intercaladas entre las dos filas de cuatro mesas cuadradas. El otro trío de las circulares se situaba entre la barra y la primera fila de mesas rectangulares. Entrando al bar, en la esquina derecha, había un piano, muy desafinado por su antigüedad y excesivo uso. A cada lado del exterior del edificio, se erigían dos escaleras por las que se podía acceder directamente al piso de arriba. 

martes, 22 de noviembre de 2011

¿Las matemáticas un pasatiempo?

Según la RAE, un pasatiempo es: "Diversión y entretenimiento en que se pasa el rato". Hace unos días (o más bien semanas) oí una frase ofensiva contra todos aquellos que estudiamos el bachillerato social o variantes de este. Aquí va la historia.

"El pasado martes 9 de noviembre, estábamos en el tren de las 16:59 unos cuantos miembros del equipo Roma II y nos encontramos con unas conocidas de algunos de ellos. Resultó ser que eran de un curso menos que nosotros y empezaron a hablar sobre distintos temas: si adónde iban todos, si iban a ir a no sé que convivencia de la parroquia (que es donde se conocieron) y tras unos cambios más de tema, llegó el de la carrera que vamos a hacer y de qué bachillerato estudiamos para poder llegar a esta. De nuestro grupo la mayoría excepto dos, entre los que me incluyo, hacen el bachillerato tecnológico. Las dos amables chicas con las que estábamos hablando hacen también el social pero con ciertas combinaciones aun más estrafalarias que las que el señor Gómez y yo hacemos. Resultó que hacían latín, otra asignatura (creo que economía) y, para romper las barreras del bachillerato, las matemáticas del social y las del tecnológico.

Tras oír esto le hicimos una pregunta que era inevitable: "¿Por qué haces las dos matemáticas?" La respuesta fue directa y sincera, pero dolió: " Porque me encantan las matemáticas"-hasta aquí todo bien-"porque claro las del social son un pasatiempo, como ya sabéis"-ahí dolió"."

Antes de continuar debo dejar una cosa muy clara para que no haya problemas: no escribo esto desde el resentimiento, lo que ocurre es que me acabo de acordar y lo quiero plasmar en mi querido blog. 

Supongo que después de oír esto, se entenderá el título de esta entrada. Desde que empecé a hacer este bachillerato he oído tantos ataques contra él que la lista es interminable. Sin embargo, esto se lleva la palma. ¿Cómo puede alguien atreverse a decir que las matemáticas aplicadas a las ciencias sociales son un pasatiempo? Es verdad que, en cierto sentido, son menos complicadas que las del tecnológico. Pero, de ahí a decir que son una diversión para pasar el rato... Eso ya es excesivo, por mucho que quien diga esto adore las matemáticas. 

PD: si algún lector de esta entrada estuvo presente en los hechos narrados, ¿le podrá hacer llegar esto a la persona citada? Gracias.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una Victoria Frustrada

"La mejor defensa es un buen ataque" dijo un gran sabio de la Antigüedad y este iba a ser el lema de Roma II en el partido contra el Heineken, el pasado día 9 de noviembre. Además, en este acontecimiento se demostraría lo unido que está el equipo pues fue el encuentro al que nos presentamos con más suplentes, que pudo causar muchos problemas. Por desgracia, los causó.
El partido empezó con el siete inicial: Alex Cavallar como el Can Cerbero, Carlos Gómez y Alvaro T. en la defensa, Miquel Moré en el centro y Juan Carlos González, José Mª Mabres y Fernando Gilabert en la delantera. Nos tocó sacar a nosotros, Roma II, y, para esto, Carlos y Juan Carlos se dirigieron al centro del campo. El partido estaba a punto de empezar. Cuando el segundo se la pasó al primero, este vio que el portero contrario estaba adelantado y en la luna. Al recibir la bola, Carlos no dudó ni un segundo en chutar a gol aprovechando el estado del guarda meta. El esférico voló alto y, cuando le pasó, este se dio cuenta de la situación, de lo que iba a ocurrir. Retrocedió hasta la portería esprintando. Era muy tarde. El balón ya había cruzado la línea. Carlos había abierto el marcador. En menos de un minuto ya ganábamos por un gol. 1-0. Este hecho nos subió la moral.
El encuentro continuó y nuestros ataques también. A los 15 minutos empezaron los cambio que, a la larga, iban a ser nuestra perdición. Gracias al gran portero Cavallar, y a nuestro inquebrantable muro defensivo, todos los ataques del contrario durante el primer tiempo fueron fútiles y no llegaron a buen puerto. Sin embargo, nosotros no corrimos la misma suerte y, tras 20 minutos de ataques continuos, José Mª Mabres marcó el segundo gol tras un pase de Juan Carlos, con quien acababa de empatar en goles marcados. 2-0. Justo después de este, la primera parte terminó.
La segunda parte fue distinta de la primera desde el principio por dos motivos: primero, se rompió la unión del equipo; segundo, caímos.
En el minuto uno del segundo periodo, Nacho Ciutad, Ignasi Canals y Gerard Márquez, entre otros, saltaron al terreno de juego. Al principio, nuestros ataques eran continuos pero, con el paso de los segundos, el contrario intensificó sus ataques, que eran parados por el gran Alex. No obstante, en uno de esos no tuvo tanta suerte y nos marcaron el primer gol. 2-1. Con este gol en contra, el tiempo se aceleró y empezamos a temer por nuestra victoria. Después de dos grandes ataques, uno de Nacho Ciutad en solitario y otro de Juan Carlos, tras un pase del anterior, llegó el empate. ¡No podía ser!¡Ninguno de nosotros se lo podía creer! ¡2-2! Habíamos pasado de ganar de dos a estar empatados. En ese momento, la velocidad del tiempo era incalculable. El miedo nos había alcanzado y la había acelerado.
 Nuestro último error fue el cambio de táctica que hicimos al final. Viendo como estaba el panorama, decidimos centrarnos en la defensa para evitar cualquier gol, lo que impidió que atacáramos y casi dio carta blanca al Heineken, nuestro contrincante, para que atacara, pues solo defenderíamos y no contraatacaríamos. Momentáneamente funcionó, pero a la larga, en el último minuto del partido, nos falló y nos marcaron. 3-2. Solo nos quedaba un minuto para  poder arreglarlo, pero ya era tarde. Ese gol nos hundió. Al minuto, el árbitro pitó. El partido se había acabado.
Realmente se comprobó que la mejor defensa es un buen ataque ya que mientras nosotros atacábamos, nosotros dominábamos el partido y, cuando se nos ocurrió defender, se alteraron los roles y fuimos dominados hasta ser derrotados. Supongo que todos los que han leído esto ya entienden el porqué del título. Iba a ser una gran victoria, pero nos la frustraron.
PD: pensaba escribir la crónica del fatídico partido siguiente pero he decidido que por el bien de todos ese partido será olvidado y nunca tendrá crónica escrita por mí.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Crónica del primer partido de Roma II

Quisiera pedir perdón a todos aquellos que llevan unos días esperando a esta entrada. Además, antes de que lean la crónica, me gustaría que sepan que no es una crónica típica que uno se encontraría en un periódico deportivo pues he querido hacerla al estilo de una narración de aventuras. También deben saber que la brevedad se debe a que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Aquí la tienen:
"Al principio, nada parecía estar a nuestro favor, pues el equipo contrario era, aparentemente, superior y estaba más unido que nosotros. Sin embargo, Roma II decidió que lucharía por la victoria.
Efectivamente, la fuerza del contrincante no se mantuvo escondida durante mucho tiempo y demostraron ser un duro rival para nosotros. Sus lances certeros no tardaron en hacerse intensos y continuos. Los diez primeros minutos fueron eternos, nuestros ataques eran pocos y los del otro equipo abundantes, pero parados por nuestra gran defensa. Cuando estos minutos pasaron, nuestro declive empezó: nos marcaron el primer gol, a pesar de las acciones de nuestro portero y el ya mencionado muro defensivo, y no iba a ser el único.
 Tras esta primera herida, nuestro valiente equipo decidió aumentar su defensa, aunque eso conllevara aflojar el ataque, pues querían evitar que el número de goles del contrario incrementase. Ese fue un gran error pues la mejor defensa es un buen ataque y si los atacantes son buenos, eso se convierte en una gran defensa junto a una mejor ofensiva, que causó el aumento del  marcador. Tras, mas o menos, otros diez minutos, el arbitro, que solo sabía pitar faltas hechas por nuestro equipo, avisó del fin de la primera parte y ya íbamos cuatro a cero.
Durante el descanso, aparecieron dos ángeles, dos talismanes, dos personas que con su apoyo moral consiguieron que nuestro equipo se animase y cambiara de una técnica defensiva a una ofensiva: estos fueron O** y R**.
La segunda parte fue mucho más fructífera que la primera. Empezó con la entrada de Ignacio Calderón y Juan Araquistain, que con la estrella apagada temporalmente Carlos Gómez, formaron la delantera más ofensiva del partido. El portero también cambió e Ignasi Canals le dejó su puesto a Fernando Gilabert, que iba a ser aquel que empezó el ataque que culminó con el primer gol. En la defensa hubo ciertos cambios. Este periodo empezó con dos goles del contrario. Tras estos, aunque aparentaba que Roma II estaba derrotada, esta resurgió de sus cenizas y, tras un avance del gran portero Gilabert hasta el centro del campo con el esférico y su pase a Juan, tras regatearse a cuatro, este último marcó el primer gol de nuestro equipo: íbamos seis a uno. Carlos intentó marcar un gol pero el portero contrario paró el estelar disparo de nuestro jugador: ese no era su día. Poco después de que nos marcaran el séptimo gol, Ignacio Calderón atacó de manera certera la portería enemiga y marcó nuestro segundo tanto. Parecía que estábamos remontando. A continuación, tuvimos el tercero a nuestras puertas pero el cansancio y la fatiga impidieron al gran Juan Carlos González marcar el gol. Cuando el partido estaba a punto de terminar y pensábamos que la diferencia de goles sería solo de cinco, nos marcaron el octavo y esta fue de seis. Así acabó el partido y tuvimos nuestra primera derrota.
Antes de acabar no debo olvidarme de mencionar las actuaciones de los muros llamados Gerard Márquez y Josep María Mabres. Además de decir que se lamentó mucho la ausencia del portero Alex Cavallar y el defensa Nacho Ciutad.
En conclusión, a pesar de que perdimos, debe recordarse que la Guerra de Secesión Americana empezó con la derrota de la Unión en Bull Run I, pero estos acabaron ganando el conflicto. Así que, ya que era un amistoso, nos sirvió para practicar, pasarlo bien, ver nuestros defectos para poder corregirlos y prepararnos para darlo todo en los partidos oficiales y demostrar a los de la liga Maddock quien es Roma II"
¡¡¡Roma II vincet!!! (¡¡¡Roma II vencerá!!!)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Un tiempo inolvidable

Cierto 22 de septiembre, un amigo cumplió tres meses con su novia. Pero, ¿qué son esos tres meses? ¿Serán una tortura? ¿Serán los mejores de su vida? Para alguien enamorado debe ser un gran momento, un periodo en el que todo es bonito, cuando todo es un camino de rosas. En ese tiempo pasa junto con su amada únicos instantes, disfruta de su presencia, se aleja de la que puede ser una dolorosa realidad para desplazarse a un lugar dónde todo es perfecto.
¿Qué son tres meses para alguien que está enamorado?
Un tiempo inolvidable e irrepetible.
¡¡¡Felicidades M. M.!!! ¡¡¡Felicidades M.D.!!!